verdes lugares

verdes lugares
campo de rubí

martes 20 de septiembre de 2011

La sombra íntima de una nube alta


La conocí en casa Trece, hacíamos un taller con Lamberti, el primer taller que Luciano coordinaba, ese grupo era muy divertido y producía delirios con el paso de las horas. Particularmente me llamaba mucho la atención los textos que leía Cuqui, yo no tenía idea de escribir y aprendía de todos, pero ella era como una mutante que se había quedado entre nosotros para hablarnos de imágenes que perturban desde su quietud, y resbalan por sus secretos. O sea, todo lo que ella entendía de la vida y de la muerte en el espacio terrenal y paradisíaco, hecho poema. Luego publicamos entre otros poetas nuestros primeros libros con Editorial La creciente y vi la forma de su dimensión en ese libro. Pienso que una poeta así es un alma más vieja que el tiempo y que el espacio, porque es consciente, todos sus movimientos son de sensibilidad, de un estado que desconozco pero está lleno de paz y sabiduría. Hace unos días compartí una charla y la invité a una cirugía de hernia que me tenía que hacer y ella quería presenciar en el quirófano, visitarme en la pieza del hospital y traerme flores, también hablamos de una amiguita de tres años que conozco, que juega con una nena muerta que viene de una estrella, y Cuqui ansiosa espera se la presente para pedirle le tire el tarot. Con admiración siento que Cuqui vive fuera de sí, (no como nosotros, los humanos pendientes de las mismas desgracias y pensamientos), la veo en sintonía y en perpetua dispersión como los planetas, distante y cerca de cualquier cosa, metida adentro de la realidad exterior de todo lo que existe y nadie sabe.